Ocupación: Consultora en Género, Políticas Públicas y Derechos Humanos de las mujeres. Equipo de apoyo voluntario de la Junta Directiva CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias) Teóloga  y Licenciada en leyes. Magister en teología e historia de la Universidad Metodista de Sao Paulo, Brasil.

¿Cuál fue su primera relación con Mission 21 o Misión de Basilea?

En el año 1986, conocí el trabajo de la Misión de Basilea a través de dos colaboradores ecuménicos, Teresa y Mark Riesen. Ellos trabajaban en la Misión Iglesia Pentecostal, donde soy miembro actual. Luego, en el año 1989, trabajé en el Proyecto Unido de Educación Cristiana (PUEC),fundado por iglesias ecuménicas que aportaban con recursos, como también algunas agencias colaboradoras, entre ellas, Misión de Basilea. Mark Riesen era su Secretario Ejecutivo. Posteriormente, en los años 90’, trabajé junto con Claudia Bandixen en el tema de mujeres con la Misión Iglesia Pentecostal, y a partir del año 1993, en el programa de mujeres de SEPADE.(Servicio Evangélico para el Desarrollo)

¿Cuál ha sido su contribución al empoderamiento de las mujeres?

Mi contribución al empoderamiento de las mujeres se vincula a mi propio proceso de enriquecimiento mutuo en y desde diversos grupos de mujeres y varones trabajando por sus empoderamientos. Mientras estudiaba teología en el año 1983, me inserté en diversos espacios ecuménicos que luchaban contra la dictadura militar tanto en Chile como en el resto de América Latina. Me convocó la educación cristiana basada en los modelos de Paulo Freire y cristalizado en el proyecto PUEC, para luego insertarme en el mundo de la liturgia y la evangelización en los modelos de formación militante que trabajaba CLAI en esos años. Junto con ello, trabajé en políticas públicas e inclusión social en Brasil entre los años 1997-2011. En todo este proceso, era imprescindible incorporar la mirada de la mujer desde la teología bíblica para llegar, en la actualidad,  a los temas de justicia de género y ecofeminismos.

¿Por qué es importante el empoderamiento de las mujeres en el mundo de las organizaciones basadas en la fe?

Aún nos falta trabajar mucho y con más tenacidad por la equidad de género, y aún más por la igualdad de género. Desde mi identidad y convicción de mujer ecuménica, un camino posible es a través del feminismo. No hay contradicción en asumirse feminista al interior de las iglesias, pues desde  ahí podemos denunciar el capitalismo y el patriarcalismo que nos empequeñece y nos oprime a todas y todos sin distinción de género, sexualidades, clase, etnia. A través de los diversos diálogos feministas se pueden abordar acciones concretas por la justicia climática y el cuidado de nuestra casa común. Hacia eso caminamos las redes de movimientos de mujeres con justicia de género y en sororidad, como un acto político, hasta que se haga una realidad.