foto: Mission 21

El principal tema candente acordado por las y los participantes durante el Pre-Sínodo de mujeres de Mission 21 es: la vulnerabilidad de las mujeres que no tienen acceso a sus derechos básicos.

¿Cómo es vivida esta situación?

  • A través de la violencia sexual basada en género: Un objetivo común vivenciado por las mujeres de los cuatros continentes es la violencia sexual basada en género (SGBV en inglés). Esta violencia está enraizada en normas sociales que la toleran, ignoran o  aceptan implícitamente. Incluso, en muchas regiones del mundo, la impunidad exacerba y perpetúa estas situaciones.

Las mujeres que se enfrentan con el desafío de condiciones económicas limitadas  por lo general se ven forzadas a migrar. Esto las expone a diversos riesgos entre los cuales se encuentra la amenaza de ser traficada, abusada (molestada, acosada, violada o maltratada físicamente) o en el peor de los casos, asesinadas. El factor de riesgo aumenta con las carencias económicas, generando dos preocupaciones críticas: Primero, asegurar que las mujeres CONOZCAN sus derechos (de tal manera que puedan acceder a protección social y justicia). Segundo, desafiando a las iglesias y comunidades a romper el silencio frente a los feminicidios y otras formas de violencia contra las mujeres.

  • A través de barreras estructurales: El acceso a las esferas de toma de decisiones suele ser limitado por barreras estructurales (arraigadas en normas sociales y falta de políticas) En algunos contextos, el acceso al ministerio ordenado es negado a las mujeres e incluso en países donde esta posibilidad existe, las mujeres deben luchar para ser tratadas de manera justa y se mantienen subordinadas al líder varón. Esta situación es transversal en todas las regiones, afectando también a mujeres en Europa, donde aún vivencian diferencias salariales  y están sub- representadas en los puestos de liderazgo.

Iglesias y comunidades necesitan “practicar lo que predican” para desafiar los temas de violencia y discriminación basada en género al interior de sus propias estructuras.

Recomendamos firmemente promover las siguientes estrategias:

Educación: La educación es el acceso a nuestros derechos- o un requisito- para el menos conocerlos. Aumentar la accesibilidad y desarrollo de capacidades puede conducir a este objetivo.

Educación teológica y formación de liderazgos: Por ejemplo, re lectura de la Biblia a través de los ojos de niñas y mujeres que están sufriendo.

Redes: Sinergias a través de las Iglesias y organizaciones yendo más allá de la tradicional cooperación norte-sur resultan ser valiosas e inspiradoras.

Políticas de género y códigos de conducta: Políticas y códigos de conducta ofrecen guías respecto a cómo prevenir y abordar los temas de violencia y discriminación basada en género. La buena voluntad no es suficiente.

Construir movimiento de indignación: Ante los feminicidios, la violencia desenfrenada y  la discriminación contra las mujeres, es necesario construir un movimiento que vaya desde el silencio a tomar una posición a nivel público que conduzcan a la acción.  El silencio de las iglesias fortalece la posición de quienes violan los derechos de las mujeres.

Aumentar los esfuerzos de incidencia política: Para la realización de nuestros derechos, necesitamos dar un paso más en nuestras iniciativas de incidencia política. Aunque hemos realizado bastante, aún no es suficiente.

Por eso, hacemos un llamado a toda/os la/os delegada/os de Mission 21 en el Sínodo:  Aumente su apoyo mientras luchamos por la justicia de género y continúe caminando con nosotras.