María Mercedes Vargas

Bolivia es considerado como un país con una de las mejores constituciones de América Latina por su carácter pluricultural e inclusivo que incorpora los derechos de las mujeres para  construir una sociedad equitativa. Sin embargo, existen aún obstáculos estructurales y culturales que impiden su aplicación. Las mujeres se encuentran aún en una situación de indefensión y desprotección frente al poder machista que existe en las familias, organizaciones sociales y comunidades donde se preservan, justifican y reproducen el orden social patriarcal a través de las políticas, la economía y las prácticas culturales.

Hablar de las mujeres indígenas es partir desde la intersectorialidad que considera los diferentes tipos de discriminación y desventaja en la que se encuentran las mujeres indígenas, como la etnia, racismo, patriarcado, clase,  cultura y otros que crean desigualdades y estructuran relaciones de poder  y de subordinación. Las mujeres están impedidas de acceder en condiciones de equidad a los recursos y al poder ya que los hombres tienen dificultades para compartir ese poder. Por otro lado, es importante mencionar que  las mujeres tienen pocas oportunidades de acceder a la formación y/o generación de capacidades para desempeñar otras funciones que no sean las tradicionales. La carga de trabajo femenino en su roles de reproducción  y producción las han limitado a tener la  libertad para acumular experiencia para el ejercicio público y salir de la invisibilizacion.

El diálogo permanente y el compromiso político de las mujeres pone en escena del Estado como al interior de sus organizaciones sociales y sus pueblos la agenda política para abordar las problemáticas en torno a las desigualdades de género por las que atraviesa como la violencia, la participación política y el acceso a tierra y territorio. Impulsan esta agenda a través del movimiento de mujeres indígenas que demandan la incorporación en el discurso y en la práctica, su participación en las propuestas de desarrollo de sus pueblos.

Es difícil pasar del discurso a la práctica ya que esto implica el cambio de actitudes y de posicionamiento para reducir las brechas de género para el logro de la igualdad de oportunidades. Por eso es importante reconocer la contribución de las mujeres indígenas en todo el proceso histórico y de desarrollo.

Por otro lado, se debe promover el empoderamiento de las mujeres para que salgan de su  silencio  hacia la equidad de género con el reconocimiento de sus  derechos individuales y colectivos. Es necesario  incorporar los intereses, necesidades y voces de las mujeres indígenas en los procesos de desarrollo sostenible de sus pueblos.